As de corazones

23/04/2017

No puedo. La carta está sobre la mesa y no hay as bajo la manga que pueda ayudar a escapar. Ese comodín ha sido utilizado muchas veces con éxito y mesura, pero es hora de voltear la senda. De asmiliar, aceptar, defender y gritar. Estar orgulloso, saltar como lo haría un puma ávido por cazar a su presa y/o sentirse libre en su bioma natural. No podemos volver atrás porque ayer éramos personas distintas. ¿Lo éramos? Y lo era. Como bien dijo Dumbledore “tiempos difíciles se acercan Harry. Muy pronto todos tendremos que decidir entre lo que es correcto y lo que es fácil”. Pero ¿qué es lo correcto? Sinceramente, jugar la última carta: un as de corazones que ha marcado un punto y seguido en esta, nuestra historia.

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Quiero ir a la playa. En días como hoy necesito la energía que desprenden las olas al chocar en la orilla, fuerte o delicadamente, no importa, pero la necesito. Necesito de esa brisa marinera que baña mi alma en días de frío, cuando el bañador se queda en casa. Esos días en los que te remangas tus vaqueros a media pierna y caminas sujetando tus zapatos en una mano, mientras vas dejando atrás en tu caminar una inevitable estela de huellas plasmadas en la orilla del mar. Ese momento, ese que muchos conocemos, lo necesito ahora.