Pasajeros

26/09/2014

Hola pasajero, por favor, acomódate en tu asiento. ¿Qué tal te ha ido el día? A mi bien, gracias. Aun no sé las razones por las que hemos coincidido en esta vida, en este tren que ahora mismo ha parado en un andén compartido y al que tu, con dudas o sin ellas, te has precipitado a entrar. Aun nuestros vagones no se han situado el uno junto al otro; aunque seguimos la misma travesía. Pero ¿hasta cuándo? No sé qué es lo que has venido a compartir conmigo, ni sé qué cosas aprenderé contigo, de hecho el tiempo que esto durará también es una gran incógnita. Pero se ha creado una atmósfera acogedora entre nosotros. Es entonces cuando insisto y me dispongo a decir: “ojalá…“, una interjección que indica vivo deseo de que suceda lo que se ha dicho o lo que se va a decir a continuación, pero no digo nada. Me quedo callado y abstraído por tu reflejo en esa puerta que nos separa.

La pequeña luz de una bombilla incandescente me hace caer de mi encandilamiento y con el juicio perdido, respiro e imperturbablemente pienso: “ojalá te quedes junto a mi por mucho tiempo y que esto dure una eternidad. ¿Pero de qué manera?” Realmente, tu presencia me perturba y encadena a la misma vez.

Pero no hay mucho más que decir. Sólo esperar. De veras espero que el revisor que corrobore nuestros billetes en este periplo, los valide por un largo camino junto a ti.

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