Con honesta claridad

10/11/2013

A veces hago “blog-respuestas” a ciertos vídeos o entradas que me llaman la atención y hoy ha sido un día de esos. Me encontraba en la cocina, esperando que mi esperado y humilde guiso de papas con chorizos (receta de mamá) en tierras inglesas terminara su cocción, cuando twitter me avisó que @Srpacotomas había actualizado su blog.

Y la verdad es que no tiene desperdicio. Desde su primer Hay hasta el último humor. está cargada de positivismo. De esas entradas que te gustan guardar para el recuerdo. Para tenerlas a mano y poder leerlas de vez en cuando, en esos momentos en los que, a pesar de reírte de la vida, ella te zarandea sin compasión. Porque es cierto, queramos o no, pasa con más frecuencia de lo esperado. Pero no hay que temer a ello. Hay que saber vivir con ello. Saber que esos momentos están ahí y que terminarán pasando. Quizás no se vayan en su totalidad, pero mermarán considerablemente y al final te mirarás en el espejo, con rabia, pero terminarás sacando una gran sonrisa con la que salir cada mañana.

Hay un párrafo que deja muy clara la idea que quiero plasmar y que ya me hubiese gustado a mi haberlo escrito, por su honesta claridad; dicta así:

No está mal mirarle a los ojos a la vida. No solemos hacerlo porque incomoda. Y quizá ese hábito ingrato es el que impide que seamos conscientes de los instantes buenos, que se pierdan sin estrenar, que se diluyan entre los minutos, que solo pensemos en ellos cuando ya son pasado y no mientras son presente. Si no vamos a poder evitar esos empellones, al menos deberíamos aprender a saborear los ratos buenos para darnos cuenta, en ese preciso instante, de que estamos siendo felices.

Es cierto. Muchas veces nos incomoda ver qué está pasando. Qué es eso que tenemos frente a nuestros ojos, incluso juzgarnos a nosotros mismos. Pero no queda otra. La vida es un camino largo, con muchos cambios, algunos demasiados fortuitos, pero qué mas da. Eso es sentirnos vivos. Aceptar y seguir hacia delante, pues al fin y al cabo, son los pequeños momentos, los pequeñitos detalles, ese comentario no esperado pero que te alegró el día, esa cena o incluso el amanecer al salir de casa camino al trabajo. Como dice este funambulista: es en ese preciso instante, cuando somos felices. Abre los ojos y date cuenta de cuáles son tus pequeños instantes, disfrútalos. Será entonces, cuando todo empiece a cambiar.

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